Bram Stoker


-Vamos -le dije con firmeza-. No continúe esa escena; ya la hemos
presenciado bastante. ¡Vaya a su cama y trate de comportarse de modo
más discreto!
Repentinamente guardó silencio y me miró un momento fijamente.
Luego, sin pronunciar una sola palabra, se volvió y se sentó al borde de la
cama. El colapso se había producido, como en ocasiones anteriores, tal
como yo lo había esperado.
Cuando me disponía a salir de la habitación, el último del grupo, me
dijo, con voz tranquila y bien controlada:
-Espero, doctor Seward, teniendo en cuenta lo que pueda suceder
más adelante, que haya yo hecho todo lo posible por convencerlo a usted
esta noche.




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