Drácula


cir su seguridad, siendo la fuerza la mejor seguridad..., sólo por tener que
cuidarme; pero estaban decididos, y aunque era una píldora difícil de tragar
para mí, no podía decir nada. Me limité a aceptar aquel cuidado quijotesco
de mi persona.
El señor Morris resumió la discusión:
-Como no hay tiempo que perder, propongo que le echemos una
ojeada a esa casa ahora mismo. El tiempo es importante y una acción
rápida nuestra puede salvar a otra víctima.
Sentí que el corazón me fallaba, cuando vi que se acercaba el mo-
mento de entrar en acción, pero no dije nada, pues tenía miedo, ya que si
parecía ser un estorbo o una carga para sus trabajos, podrían dejarme in-
cluso fuera de sus consejos. Ahora se han ido a Carfax, lo cual quiere decir
que van a entrar en la casa.
De manera muy varonil, me han dicho que me acueste y que
duerma, como si una mujer pudiera dormir cuando las personas a quienes
ama se encuentran en peligro. Tengo que acostarme y fingir que duermo,
para que Jonathan no sienta más ansiedad por mí cuando regrese.

Del diario del doctor Seward
1 de octubre, a las cuatro de la mañana. En el momento en que
nos disponíamos a salir de la casa, me llegó un mensaje de Renfield,
rogándome que fuera a verlo inmediatamente, debido a que tenía que co-
municarme algo de la mayor importancia. Le dije al mensajero que le co-
municara que cumpliría sus deseos por la mañana; que estaba ocupado en
esos momentos. El enfermero añadió:
-Parece muy intranquilo, señor. Nunca lo había visto tan ansioso.
Creo que si no va usted a verlo pronto, es posible que tenga uno de sus
ataques de violencia.
Sabía que el enfermero no me diría eso sin tener una causa justifi-
cada para ello y, por consiguiente, le dije:
-Muy bien, iré a verlo ahora mismo.
Y les pedí a los otros que me esperaran unos minutos, puesto que
tenía que ir a visitar a mi "paciente".
-Lléveme con usted, amigo John -dijo el profesor-. Su caso, que se
encuentra en el diario de usted, me interesa mucho y ha tenido relación
también, de vez en cuando, con nuestro caso. Me gustaría mucho verlo,
sobre todo cuando su mente se encuentra en mal estado.
-¿Puedo acompañarlos también? -preguntó lord Godalming.
-¿Yo también? -inquirió el señor Morris-. ¿Puedo acompañarlos?
-¿Me dejan ir con ustedes? -quiso saber Harker.
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