Bram Stoker


comer nunca. No proyecta sombra, ni se refleja en los espejos, como ob-
servó también Jonathan. Tiene la fuerza de muchos en sus manos, testimo-
nio también de Jonathan, cuando cerró la puerta contra los lobos y cuando
lo ayudó a bajar de la diligencia. Puede transformarse en lobo, como lo
sabemos por su llegada a Whitby y por el amigo John, que lo vio salir vo-
lando de la casa contigua, y por mi amigo Quincey que lo vio en la ventana
de la señorita Lucy. Puede aparecer en medio de una niebla que él mismo
produce, como lo atestigua el noble capitán del barco, que lo puso a
prueba; pero, por cuanto sabemos, la distancia a que puede hacer llegar esa
niebla es limitada y solamente puede encontrarse en torno a él. Llega en los
rayos de luz de la luna como el polvo cósmico... Como nuevamente Jona-
than vio a esas hermanas en el castillo de Drácula. Se hace tan pequeño...
Nosotros mismos vimos a la señorita Lucy, antes de que recuperara la paz,
entrar por una rendija del tamaño de un cabello en la puerta de su tumba.
Puede, una vez que ha encontrado el camino, salir o entrar de o a cualquier
sitio, por muy herméticamente cerrado que esté, o incluso unido por el
fuego..., soldado, podríamos decir. Puede ver en la oscuridad..., lo cual no
es un pequeño poder en un mundo que esta siempre sumido a medias en la
oscuridad. Pero, escúchenme bien: puede hacer todas esas cosas, aunque
no está libre. No, es todavía más prisionero que el esclavo en las galeras o
el loco en su celda. No puede ir a donde quiera. Aunque no pertenece a la
naturaleza debe, no obstante, obedecer a algunas de las leyes naturales ...
No sabemos por qué. No puede entrar en cualquier lugar al principio, a
menos que haya algún habitante de la casa que lo haga entrar; aunque des-
pués pueda entrar cuándo y cómo quiera. Sus poderes cesan, como los de
todas las cosas malignas, al llegar el día. Solamente en algunas ocasiones
puede gozar de cierto margen de libertad. Si no se encuentra exactamente
en el lugar debido, solamente puede cambiarse al mediodía o en el preciso
momento de la puesta del sol o del amanecer. Son cosas que hemos
sabido, y que en nuestros registros hemos probado por inferencia. Así,
mientras puede hacer lo que guste dentro de sus límites, cuando se en-
cuentra en el lugar que le corresponde, en tierra, en su ataúd o en el in-
fierno, en un lugar profano, como vimos cuando se dirigió a la tumba del
suicida en Whitby; en otros lugares, solamente puede cambiarse cuando
llega el momento oportuno. Se dice también que solamente puede pasar
por las aguas corrientes al reflujo de la marea. Además, hay cosas que lo
afectan de tal forma que pierde su poder, como los ajos, que ya conoce-
mos, y las cosas sagradas, como este símbolo, mi crucifijo, que estaba en-
tre nosotros incluso ahora, cuando hicimos nuestra resolución; para todas
esas cosas no es nada; pero toma su lugar a distancia y guarda silencio, con

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