Drácula


dalming, el doctor Seward y el señor Morris. Lord Godalming se encon-
traba al lado del profesor y el doctor Seward en el centro. El profesor dijo:
-Creo que puedo dar por sentado que todos estamos al corriente de
los hechos que figuran en esos documentos.
Todos asentimos, y el doctor continuó:
-Entonces, creo que sería conveniente que les diga algo sobre el
tipo de enemigo al que vamos a tener que enfrentarnos. Así pues, voy a
revelarles parte de la historia de ese hombre, que he podido llegar a cono-
cer. A continuación podremos discutir nuestro método de acción, y po-
dremos tomar de común acuerdo todas las disposiciones necesarias.
"Existen seres llamados vampiros; todos nosotros tenemos pruebas
de su existencia. Incluso en el caso de que no dispusiéramos de nuestras
desafortunadas experiencias, las enseñanzas y los registros de la antigüedad
proporcionan pruebas suficientes para las personas cuerdas. Admito que, al
principio, yo mismo era escéptico al respecto. Si no me hubiera preparado
durante muchos años para que mi mente permaneciera clara, no lo habría
podido creer en tanto los hechos me demostraran que era cierto, con prue-
bas fehacientes e irrefutables. Si, ¡ay!, hubiera sabido antes lo que sé ahora
e incluso lo que adivino, hubiéramos podido quizá salvar una vida que nos
era tan preciosa a todos cuantos la amábamos. Pero eso ya no tiene reme-
dio, y debemos continuar trabajando, de tal modo que otras pobres almas
no perezcan, en tanto nos sea posible salvarlas. El nosferatu no muere
como las abejas cuando han picado, dejando su aguijón. Es mucho más
fuerte y, debido a ello, tiene mucho más poder para hacer el mal. Ese vam-
piro que se encuentra entre nosotros es tan fuerte personalmente como
veinte hombres; tiene una inteligencia más aguda que la de los mortales,
puesto que ha ido creciendo a través de los tiempos; posee todavía la
ayuda de la nigromancia, que es, como lo implica su etimología, la adivi-
nación por la muerte, y todos los muertos que fallecen a causa suya están a
sus órdenes; es rudo y más que rudo; puede, sin limitaciones, aparecer y
desaparecer a voluntad cuando y donde lo desee y en cualquiera de las
formas que le son propias; puede, dentro de sus límites, dirigir a los ele-
mentos; la tormenta, la niebla, los truenos; puede dar órdenes a los ani-
males dañinos, a las ratas, los búhos y los murciélagos ... A las polillas, a
los zorros y a los lobos; puede crecer y disminuir de tamaño; y puede a
veces hacerse invisible. Así pues, ¿cómo vamos a llevar a cabo nuestro
ataque para destruirlo? ¿Cómo podremos encontrar el lugar en que se
oculta y, después de haberlo hallado, destruirlo? Amigos míos, es una gran
labor. Vamos a emprender una tarea terrible, y puede haber suficiente para
hacer que los valientes se estremezcan. Puesto que si fracasamos en nues-
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