Bram Stoker


-Mi amigo John me ha dicho, señora Mina, que su esposo y usted
han puesto en orden todo lo que hemos podido obtener hasta este mo-
mento.
-No hasta este momento -le dijo ella impulsivamente-, sino hasta
esta mañana.
-Pero, ¿por qué no hasta este momento? Hemos visto hasta ahora
los buenos resultados que han dado los pequeños detalles. Hemos revelado
todos nuestros secretos y, no obstante, ninguno de ellos va a ser lo peor de
cuanto tenemos que aprender aún.
La señora Harker comenzó a sonrojarse, y sacando un papel del
bolsillo, dijo:
-Doctor van Helsing, ¿quiere usted leer esto y decirme si es preciso
que lo incluyamos? Es mi informe del día de hoy. Yo también he compren-
dido la necesidad de registrarlo ahora todo, por muy trivial que parezca;
pero, en esto hay muy poco que no sea personal. ¿Debemos incluirlo?
El profesor leyó la nota gravemente y se la devolvió a Mina, dici-
endo:
-No es preciso que lo incluyamos, si usted no lo desea así; pero le
ruego que acepte hacerlo. Solamente hará que su esposo la ame todavía
más y que todos nosotros, sus amigos, la honremos, la estimemos y la
querramos más aún.
La señora Harker volvió a tomar el pedazo de papel con otro son-
rojo y una amplia sonrisa.
Y de ese modo, hasta este preciso instante, todos los registros que
tenemos están completos y en orden. El profesor se llevó una copia para
examinarla después de la cena y antes de nuestra reunión, que ha sido fi-
jada para las nueve de la noche. Los demás lo hemos leído ya todo; así,
cuando nos reunamos en el estudio, estaremos bien informados de todos
los hechos y podremos preparar nuestro plan de batalla contra ese terrible
y misterioso enemigo.

Del diario de Mina Harker
30 de septiembre. Cuando nos reunimos en el estudio del doctor
Seward, dos horas después de la cena, que tuvo lugar a las seis de la tarde,
formamos de manera inconsciente una especie de junta o comité. El pro-
fesor van Helsing se instaló en la cabecera de la mesa, en el sitio que le in-
dicó el doctor Seward en cuanto entró en la habitación. Me hizo sentarme
inmediatamente a su derecha y me rogó que actuara como secretaria:
Jonathan se sentó a mi lado, y frente a nosotros se encontraban lord Go-


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