Drácula


Cuando me dirigí a la estación, dejé atrás a los muchachos. El pobre
Arthur parecía estar más animado que nunca desde que Lucy enfermara, y
Quincey estaba mucho más alegre que en muchos días.
Van Helsing descendió del vagón con la agilidad ansiosa de un niño.
Me vio inmediatamente y se precipitó a mi encuentro, diciendo:
-¡Hola, amigo John! ¿Cómo está todo? ¿Bien? ¡Bueno! He estado
ocupado, pero he regresado para quedarme aquí en caso necesario. He
arreglado todos mis asuntos y tengo mucho de qué hablar. ¿Está la señora
Mina con usted? Sí. ¿Y su simpático esposo también? ¿Y Arthur y mi
amigo Quincey están asimismo en su casa? ¡Bueno!
Mientras nos dirigíamos en el automóvil hacia la casa, lo puse al
corriente de todo lo ocurrido y cómo mi propio diario había llegado a ser
de alguna utilidad por medio de la sugestión de la señora Harker. Enton-
ces, el profesor me interrumpió:
-¡Oh! ¡Esa maravillosa señora Mina! Tiene el cerebro de un hom-
bre; de un hombre muy bien dotado, y corazón de mujer. Dios la formó
con algún fin excelso, créame, cuando hizo una combinación tan buena.
Amigo John, hasta ahora la buena suerte ha hecho que esa mujer nos sea
de gran auxilio; después de esta noche no deberá tener nada que hacer en
este asunto tan terrible. No es conveniente que corra un peligro tan grande.
Nosotros los hombres, puesto que nos hemos comprometido a ello, esta-
mos dispuestos a destruir a ese monstruo; pero no hay lugar en ese plan
para una mujer. Incluso si no sufre daños físicos, su corazón puede fallarle
en muchas ocasiones, debido a esa multitud de horrores; y a continuación
puede sufrir de insomnios a causa de sus nervios, y al dormir, debido a las
pesadillas. Además, es una mujer joven y no hace mucho tiempo que se ha
casado; puede que haya otras cosas en que pensar en otros tiempos, aun-
que no en la actualidad. Me ha dicho usted que lo ha escrito todo; por con-
siguiente, lo consultará con nosotros; pero mañana se apartará de este
trabajo, y continuaremos solos.
Estuve sinceramente de acuerdo con él, y a continuación le relaté
todo lo que habíamos descubierto en su ausencia y que la casa que había
adquirido Drácula era la contigua a la mía. Se sorprendió mucho y pareció
sumirse en profundas reflexiones.
-¡Oh! ¡Si lo hubiéramos sabido antes! -exclamó-. Lo hubiéramos
podido alcanzar a tiempo para salvar a la pobre Lucy. Sin embargo, "la
leche derramada no se puede recoger", como dicen ustedes. No debemos
pensar en ello, sino continuar nuestro camino hasta el fin.
Luego, se sumió en un silencio que duró hasta que entramos en mi
casa. Antes de ir a prepararnos para la cena, le dijo a la señora Harker:
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