Drácula


esta leyendo la copia mecanografiada por su esposa de mi diario. Me
pregunto qué conclusiones sacarán. Aquí está...
¡Es extraño que no se me ocurriera pensar que la casa vecina pu-
diera ser el escondrijo del conde! ¡Sin embargo, Dios sabe que habíamos
tenido suficientes indicios a causa del comportamiento del pobre Renfield!
El montón de cartas relativas a la adquisición de la casa se encontraba con
las copias mecanografiadas. ¡Si lo hubiéramos sabido antes, hubiéramos
podido salvarle la vida a la pobre Lucy! ¡Basta! ¡Esos pensamientos con-
ducen a la locura! Harker ha regresado a sus habitaciones y está otra vez
poniendo en orden el material que posee. Dice que para la hora de la cena
estarán en condiciones de presentar una narración que tenga una relación
absoluta entre todos los hechos. Piensa que, mientras tanto, debo ir a ver a
Renfield, puesto que hasta estos momentos ha sido una especie de guía
sobre las entradas y salidas del conde. Me es difícil verlo todavía; pero,
cuando examine las fechas, supongo que veré claramente la relación exis-
tente. ¡Qué bueno que la señora Harker mecanografió el contenido de mis
cilindros! Nunca hubiéramos podido encontrar las fechas de otro modo...
Encontré a Renfield sentado plácidamente en su habitación y son-
riendo como un bendito. En ese momento parecía tan cuerdo como
cualquier otra persona de las que conozco. Me senté a su lado y hablé con
él de infinidad de temas, que él desarrolló de una manera absolutamente
natural. Entonces, por su propia voluntad, me habló de regresar a su casa,
un tema que nunca había tocado, que yo sepa, durante su estancia en el
asilo. En efecto, me habló confiado de que podría ser dado de alta inme-
diatamente. Creo que de no haber conversado antes con Harker y haber
leído las cartas y las fechas de sus ataques, me hubiera sentido dispuesto a
firmar su salida, al cabo de un corto tiempo de observación. Tal y como
están las cosas, sospecho de todo. Todos esos ataques estaban ligados en
cierto modo a la presencia del conde en las cercanías. ¿Qué significaba
entonces aquella satisfacción absoluta? ¿Quiere decir que sus instintos
están satisfechos a causa del convencimiento del triunfo final del vampiro?
Es el mismo zoófago y en sus terribles furias, al exterior de la puerta de la
capilla de la casa, habla siempre del "amo". Todo esto parece ser una con-
firmación de nuestra idea. Sin embargo, al cabo de un momento, lo dejé;
mi amigo estaba en esos instantes demasiado cuerdo para poder ponerlo a
prueba seriamente con preguntas. Puede comenzar a reflexionar y, enton-
ces... Por consiguiente., me alejé de él. Desconfío de esos momentos de
calma que tiene a veces, y le he dado al enfermero la orden de que lo vigile
estrechamente y que tenga lista una camisa de fuerza para utilizarla en caso
de necesidad.
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