Drácula


suya. Comenzó diciendo que esperaba que todos nosotros lo acom-
pañáramos.
-Puesto que es preciso hacer allí algo muy grave, ¿viene usted? ¿Le
asombró mi carta?
Las preguntas fueron dirigidas a lord Godalming.
-Sí. Me sentí un poco molesto al principio. Ha habido tantos enre-
dos en torno a mi casa en los últimos tiempos que no me agradaba la idea
de uno más. Asimismo, tenía curiosidad por saber qué quería usted decir.
Quincey y yo discutimos acerca de ello; pero, cuanto más ahondábamos la
cuestión tanto más desconcertados nos sentíamos. En lo que a mí respecta,
creo que he perdido por completo la capacidad de comprender.
-Yo me encuentro en el mismo caso -dijo Quincey Morris, lacóni-
camente.
-¡Oh! -dijo el profesor-. En ese caso, se encuentran ustedes más
cerca del principio que nuestro amigo John, que tiene que desandar mucho
camino para acercarse siquiera al principio.
A todas luces había comprendido que había vuelto a dudar de todo
ello, sin que yo pronunciara una sola palabra. Luego, se volvió hacia los
otros dos y les dijo, con mucha gravedad:
-Deseo que me den su autorización para hacer esta noche lo que
creo conveniente. Aunque sé que eso es mucho pedir; y solamente cuando
sepan qué me propongo hacer comprenderán su importancia. Por con-
siguiente, me veo obligado a pedirles que me prometan el permiso sin sa-
ber nada, para que más tarde, aunque se enfaden conmigo y continúen
enojados durante cierto tiempo, una posibilidad que no he pasado por alto,
no puedan culparse ustedes de nada.
-Me parece muy leal su proceder -interrumpió Quincey-. Respondo
por el profesor. No tengo ni la menor idea de cuáles sean sus intenciones;
pero les aseguro que es un caballero honrado, y eso basta para mí.
-Muchas gracias, señor -dijo van Helsing con orgullo-. Me he hon-
rado considerándolo a usted un amigo de confianza, y su apoyo me es muy
grato.
Extendió una mano, que Quincey aceptó.
Entonces, Arthur tomó la palabra:
-Doctor van Helsing, no me agrada "comprar un cerdo en un saco
sin verlo antes", como dicen en Escocia, y si hay algo en lo que mi honor
de caballero o mi fe como cristiano puedan verse comprometidos, no
puedo hacer esa promesa. Si puede usted asegurarme que esos altos
valores no están en peligro de violación, le daré mi consentimiento sin


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