Drácula


mos matado. Entonces argüirá que nosotros, los equivocados, somos
quienes la hemos matado debido a nuestras ideas; y entonces se quedará
muy triste para siempre. Sin embargo, nunca podrá estar seguro de nada, y
eso es lo peor de todo. Y algunas veces pensará que aquella a quien amaba
fue enterrada viva, y eso pintará sus sueños con los horrores que ella debe
haber sufrido; y otra vez, pensará que pueda ser que nosotros tengamos
razón, y que después de todo, su amada era una "no-muerta". ¡No! Ya se
lo dije una vez, y desde entonces yo he aprendido mucho. Ahora, desde
que sé que todo es verdad, cien mil veces más sé que debe pasar a través
de las aguas amargas para llegar a las dulces. El pobre muchacho, debe
tener una hora que le hará parecer negra la faz del mismo cielo; luego po-
dremos actuar decisivamente y a fondo, y ponerlo en paz consigo mismo.
Me he decidido. Vámonos. Usted regrese a su casa, por la noche, a su
asilo, y vea que todo esté bien. En cuanto a mí, pasaré esta noche aquí en
el cementerio. Mañana por la noche vaya a recogerme al hotel Berkeley a
las diez. Avisaré a Arthur para que venga también, y también a ese fino
joven de América que dio su sangre. Más tarde, todas tendremos mucho
que hacer. Yo iré con usted hasta Piccadilly y cenaré ahí, pues debo estar
de regreso aquí antes de la salida del sol.
Así pues, echamos llave a la tumba y nos fuimos, y escalamos el
muro del cementerio, lo cual no fue una tarea muy difícil, y condujimos de
regreso a Piccadilly.

Nota dejada por van Helsing en su abrigo, en el hotel Berkeley,
y dirigida a John Seward, M.D.
(sin entregar)
27 de septiembre
"Amigo John:
"Le escribo esto por si algo sucediera. Voy a ir solo a vigilar ese
cementerio de la iglesia. Me agradaría que la muerta viva, o "no-muerta",
la señorita Lucy, no saliera esta noche, con el fin de que mañana a la noche
esté más ansiosa. Por consiguiente, debo preparar ciertas cosas que no
serán de su agrado: ajos y un crucifijo, para sellar la entrada de la tumba.
No hace mucho tiempo que es muerta viva, y tendrá cuidado. Además,
esas cosas tienen el objeto de impedir que salga, puesto que no pueden
vencerla si desea entrar; porque, en ese caso, el muerto vivo está desesper-
ado y debe encontrar la línea de menor resistencia, sea cual sea. Permane-
ceré alerta durante toda la noche, desde la puesta del sol hasta el amanecer,
y si existe algo que pueda observarse, lo haré. No tengo miedo de la
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