Bram Stoker


muestra lo que son, pero éste es tan dulce, que cuando ella es "no-muerta"
regresa a la nada de los muertos comunes. Vea; no hay nada aparente-
mente maligno aquí, y es muy desagradable que yo tenga que matarla
mientras duerme.
Esto me heló la sangre, y comencé a darme cuenta de que estaba
aceptando las teorías de van Helsing; pero si ella estaba realmente muerta,
¿qué había de terrorífico en la idea de matarla? El levantó su mirada hacia
mí, y evidentemente vió el cambio en mi cara, pues dijo casi alegre:
-¡Ah! ¿Cree usted ahora?
Respondí:
-No me presione demasiado. Estoy dispuesto a aceptar. ¿Cómo va
a hacer usted este trabajo macabro?
-Le cortaré la cabeza y llenaré su boca con ajo, y atravesaré su
corazón con una estaca.
Me hizo temblar pensar en la mutilación del cuerpo de la mujer que
yo había amado. Sin embargo, el sentimiento no fue tan fuerte como lo
hubiera esperado. De hecho, comenzaba a sentir repulsión ante la presencia
de aquel ser, de aquella "no-muerta", como lo había llamado van Helsing, y
a detestarlo. ¿Es posible que el amor sea todo subjetivo, o todo objetivo?
Esperé un tiempo bastante considerable para que van Helsing
comenzara, pero él se quedó quieto, como si estuviese absorto en profun-
das meditaciones. Finalmente, cerró de un golpe su maletín, y dijo:
-Lo he estado pensando, y me he decidido por lo que considero lo
mejor. Si yo actuara simplemente siguiendo mi inclinación, haría ahora, en
este momento, lo que debe hacerse; pero otras cosas seguirán, y cosas que
son mil veces más difíciles y que todavía no conocemos. Esto es simple.
Ella todavía no ha matado a nadie, aunque eso es cosa de tiempo; y el ac-
tuar ahora sería quitar el peligro de ella para siempre. Pero luego podemos
necesitar a Arthur, ¿y cómo le diremos esto? Si usted, que vió las heridas
en la garganta de Lucy, y vió las heridas tan similares en el niño, en el hos-
pital; si usted, que vió anoche el féretro vacío y lo ha visto hoy lleno, con
una mujer que no sólo no ha cambiado sino que se ha vuelto más rosada y
más bella en una semana después de muerta, si usted sabe esto y sabe de la
figura blanca que anoche trajo al niño al cementerio, y sin embargo, no
cree a sus propios sentidos, ¿cómo entonces puedo esperar que Arthur,
quien desconoce todas estas cosas, crea? Dudó de mí cuando evité que
besara a la moribunda. Yo sé, que él me ha perdonado, pero creyendo que
por ideas equivocadas yo he hecho algo que evitó que él se despidiera
como debía; y puede pensar que debido a otro error esta mujer ha sido
enterrada viva; y en la más grande de todas las equivocaciones, que la he-

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