Bram Stoker


caso, si no quiere que lo hagan dos amigos. No le diremos nada, sino sólo
que deseamos aprender. Y entonces...
-¿Y entonces?
Sacó una llave de su bolsillo y la sostuvo ante mí.
-Entonces, pasamos la noche, usted y yo, en el cementerio donde
yace Lucy. Esta es la llave que cierra su tumba. Me la dio el hombre que
hizo el féretro, para que se la diera a Arthur.
Mi corazón se encogió cuando sentí que una horrorosa aventura
parecía estar ante nosotros. Sin embargo, no podía hacer nada, así es que
hice de tripas corazón y dije que sería mejor darnos prisa, ya que la tarde
estaba pasando...
Encontramos despierto al niño. Había dormido y había comido
algo, y en conjunto iba mejorando notablemente. El doctor Vincent retiró
la venda de su garganta y nos mostró los puntos. No había ninguna duda
con su parecido de aquellos que habían estado en la garganta de Lucy.
Eran más pequeños, y los bordes parecían más frescos; eso era todo. Le
preguntamos a Vincent a qué los atribuía, y él replicó que debían ser mor-
discos de algún animal; tal vez de una rata; pero se inclinaba a pensar que
era uno de uno de esos murciélagos que eran tan numerosos en las alturas
del norte de Londres.
-Entre tantos inofensivos -dijo él-, puede haber alguna especie sal-
vaje del sur de algunos tipos más malignos. Algún marinero pudo haberlo
llevado a su casa, y puede habérsele escapado; o incluso algún polluelo
puede haberse salido de los jardines zoológicos, o alguno de los de ahí
puede haber sido creado por un vampiro. Estas cosas suceden; ¿saben ust-
edes?, hace sólo diez días se escapó un lobo, y creo que lo siguieron en
esta dirección. Durante una semana después de eso, los niños no hicieron
más que jugar a "Caperucita Roja" en el Brezal y en cada callejuela del
lugar hasta que el espanto de esta "dama fanfarrona" apareció. Desde en-
tonces se han divertido mucho. Hasta este pobre pequeñuelo, cuando des-
pertó hoy, le preguntó a una de las enfermeras si podía irse. Cuando ella le
preguntó por qué quería irse, él dijo que quería ir a jugar con la "dama
fanfarrona"
-Espero -dijo van Helsing- que cuando usted envíe a este niño a
casa tomará sus precauciones para que sus padres mantengan una estricta
vigilancia sobre él. Dar libre curso a estas fantasías es lo más peligroso; y si
el niño fuese a permanecer otra noche afuera, probablemente sería fatal
para él. Pero en todo caso supongo que usted no lo dejará salir hasta den-
tro de algunos días, ¿no es así?



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