Drácula


y retiren el sello sin romper y que ahí se encuentre el faquir hindú, no
muerto, sino que se levante y camine entre ellos como antes?
Y al llegar aquí lo interrumpí. Me estaba descontrolando; de tal
manera estaba amontonando en mi mente su lista de todas las excentrici-
dades e imposibilidades "posibles" que mi imaginación parecía haber
cogido fuego. Tuve la vaga idea de que me estaba dando alguna clase de
lección, como solía hacerlo hacía algún tiempo en su estudio en Amster-
dam; pero él solía decirme la cosa de manera que yo pudiera tener el objeto
en la mente todo el tiempo. Mas ahora yo estaba sin esta ayuda, y sin em-
bargo lo quería seguir, por lo que dije:
-Maestro, permítame que sea otra vez su discípulo predilecto.
Dígame la tesis, para que yo pueda aplicar su conocimiento a medida que
usted avanza. De momento voy de un punto a otro como un loco, y no
como un cuerdo que sigue una idea. Me siento como un novicio dando
traspiés a través de un pantano envuelto en la niebla, saltando de un mator-
ral a otro en el esfuerzo ciego de andar sin saber hacia dónde voy.
-Esa es una buena imagen -me dijo el-. Bien, se lo diré a usted. Mi
tesis es esta: yo quiero que usted crea.
-¿Qué crea qué?
-Que crea en cosas que no pueden ser. Permítame que lo ilustre.
Una vez escuché a un norteamericano que definía la fe de esta manera: "Es
esa facultad que nos permite creer en lo que nosotros sabemos que no es
verdad." Por una vez, seguí a ese hombre. El quiso decir que debemos te-
ner la mente abierta, y no permitir que un pequeño pedazo de la verdad
interrumpa el torrente de la gran verdad, tal como una piedra puede hacer
descarrilar a un tren. Primero obtenemos la pequeña verdad. ¡Bien! La
guardamos y la evaluamos; pero al mismo tiempo no debemos permitir que
ella misma se crea toda la verdad del universo.
-Entonces, usted no quiere que alguna convicción previa moleste la
receptividad de mi mente en relación con algo muy extraño. ¿Interpreto
bien su lección?
-¡Ah! Usted todavía es mi alumno favorito. Vale la pena enseñarle.
Ahora que está deseoso de entender, ha dado el primer paso para entender.
¿Piensa usted que esos pequeños agujeros en las gargantas de los niños
fueron hechos por lo mismo que hizo los orificios en la señorita Lucy?
-Así lo supongo.
Se puso en pie y dijo solemnemente:
-Entonces, se equivoca usted. ¡Oh, que así fuera! ¡Pero no lo es! Es
mucho peor, mucho, pero mucho peor.


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