Bram Stoker


un momento dudé cómo proseguir. Pero él fue muy dulce y amable, y me
había prometido tratar de ayudarme, por lo que tuve confianza en él, y le
dije:
-Doctor van Helsing, lo que yo tengo que decirle a usted es muy
raro, pero usted no debe reírse de mí ni de mi marido. Desde ayer he
estado en una especie de fiebre de incertidumbre; debe tener usted pacien-
cia conmigo, y no creer que soy tonta por haber creído algunas cosas muy
raras.
El me volvió a tranquilizar con sus maneras y sus palabras cuando
dijo:
-¡Oh, mi querida amiga!, si usted supiera qué raro es el asunto por
el cual yo estoy aquí, entonces sería usted la que reiría. He aprendido a no
pensar mal de las creencias de cualquiera, por más extrañas que sean. He
tratado de mantener una mente abierta; y no son las cosas ordinarias de la
vida las que pueden cerrarla, sino las cosas extrañas; las cosas extraordi-
narias, las cosas que lo hacen dudar a uno si son locura o realidad.
-¡Gracias, gracias, mil veces gracias! Me ha quitado usted un peso
de la mente. Si usted me lo permite, yo le daré un papel para que lo lea. Es
largo, pero lo he mecanografiado. En él está descrito mi problema y el de
Jonathan. Es una copia del diario que llevó mientras estuvo fuera del país y
de todo lo que sucedió. No me atrevo a decir nada de él. Usted debe leerlo
por su cuenta y juzgar. Y después de que lo haya visto, tal vez sea usted
tan amable de decirme lo que piensa acerca de él.
-Lo prometo -me dijo, al tiempo que yo le entregaba los papeles-;
en la misma mañana, tan pronto como pueda, vendré a verla a usted y a su
marido, si me lo permite.
-Jonathan estará aquí a las once y media, y usted debe venir a comer
con nosotros y verlo a él entonces; podría usted tomar el tren rápido de las
3:34, que lo dejará en Paddington antes de las ocho.
Se quedó sorprendido sobre mi conocimiento del horario de trenes,
pero no sabe que he aprendido de memoria todos los trenes que salen y
llegan a Exéter, de manera que pueda ayudarle a Jonathan en caso de que
él tenga prisa.
Así es que tomó los papeles consigo y se fue, y yo estoy sentada
pensando... Pensando no sé qué.




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