Bram Stoker


Jonathan en Las Noticias de Exéter le dijo que la memoria era todo en un
trabajo como ese; que uno debe ser capaz de escribir exactamente casi to-
das las palabras que se dicen, aunque posteriormente se tenga que refinar
algo. Esta fue una entrevista rara; trataré de registrarla verbatim.
Eran las dos y media de la tarde cuando llamaron a la puerta. Hice
de tripas corazón, y esperé. Poco después Mary abrió la puerta y anunció:
"El doctor van Helsing."
Me puse en pie e hice una inclinación de cabeza y él se acercó a mí;
es un hombre de peso medio, fornido, de hombros echados hacia atrás,
pecho amplio y profundo y el cuello bien asentado sobre el tronco tal
como la cabeza sobre el cuello. Su cabeza me impresionó inmediatamente
como indicativa de fuerza de pensamiento e inteligencia; la cabeza es no-
ble, de regular tamaño, amplia, y ancha detrás de las orejas. El rostro,
afeitado, muestra un mentón duro y cuadrado, una boca larga, resuelta e
inquieta, una nariz de tamaño regular, más bien recta, pero con ventanas
muy sensibles, que parecen dilatarse a medida que caen las espesas cejas y
que se aprieta la boca. La frente es amplia y fina, levantándose al principio
casi recta y luego echándose hacia atrás sobre dos protuberancias muy
separadas; es una frente en la que el pelo rojizo no puede caer sobre ella,
sino que naturalmente cae hacia atrás o hacia los lados. Los ojos azul os-
curo están muy separados, y son rápidos y tiernos o serios, según el estado
de ánimo del hombre. Me dijo:
-¿La señora Harker?
Incliné la cabeza, asintiendo.
-¿Fue usted la señorita Mina Murray?
Asentí nuevamente.
-Es a Mina Murray a quien vengo a ver; a la que fue amiga de la
infortunada, querida Lucy Westenra. Señora Mina, en nombre de la muerta
vengo.
-Caballero -dije yo-, no puede usted tener mejor carta de presen-
tación que haber sido amigo y médico de Lucy Westenra.
Y le extendí la mano. El la tomó y dijo tiernamente:
-¡Oh, señora Mina!, yo sé que la amiga de esa pobre muchachita
debe ser buena, pero todavía tenía que saber...
Terminó su discurso haciendo una reverencia cortés. Yo le
pregunté para qué me quería ver, por lo que él comenzó de inmediato:
-He leído sus cartas a la señorita Lucy. Perdóneme, pero yo tenía
que comenzar las investigaciones en algún lado, y no había nadie a quien
preguntar. Sé que usted estuvo con ella en Whitby. Ella algunas veces
llevó un diario, no necesita usted mirar sorprendida, señora Mina; lo

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