Drácula


lejos de mí, y por un tiempo largo, muy largo, tal vez usted quizá se com-
padecería de mí más que nadie.
Me conmovió la ternura de su tono y le pregunté por qué.
-¡Porque yo sé!
Y ahora estamos todos regados; y durante muchos largos días la
soledad se va a sentar sobre nuestros techos con las alas desplegadas. Lucy
descansa en la tumba de su familia, un señorial mausoleo en un solitario
cementerio, lejos del prolífico Londres, donde el aire es fresco y el sol se
levanta sobre el Hampstead Hill, y donde las flores salvajes crecen según
su propio acuerdo.
Así es que puedo terminar este diario; y sólo Dios sabe si alguna
vez comenzaré otro. Si lo comienzo, o si tan sólo vuelvo a abrir éste otra
vez, tratará con gente diferente y con temas diferentes; pues aquí al final,
donde se narra el romance de mi vida, aquí vuelvo yo a tomar el hilo de mi
trabajo cotidiano, y lo digo triste y sin esperanza,
FINIS

"Gaceta de Westminster", 25 de septiembre
UN MISTERIO DE HAMPSTEAD
La vecindad de Hampstead está de momento siendo acosada por
una serie de sucesos que parecen correr en líneas paralelas con aquellos
que fueron conocidos por los escritores de titulares como "El horror de
Kensington", o "La Asesina del Puñal", o "La Mujer de Negro". Durante
los últimos dos o tres días han acontecido varios casos de pequeños niños
que vagabundean de su hogar o se olvidan de regresar de su juego en el
Brezal. En todos estos casos los niños han sido demasiado pequeños como
para poder dar adecuadamente una explicación inteligible de lo sucedido,
pero el consenso de sus culpas es que han estado con la "dama fanfarrona".
Siempre ha sido tarde por la noche cuando se ha notado su ausencia, y en
dos ocasiones los niños no han sido encontrados sino hasta temprano a la
mañana siguiente. En el vecindario se supone generalmente que, como el
primer niño perdido dio como su razón de haberse ausentado que una
"dama fanfarrona" le había pedido que se fuera con ella a dar un paseo, los
otros han recogido la frase y la han usado en su debida ocasión. Esto es
tanto más natural cuanto el juego favorito de los pequeñuelos es actual-
mente atraerse unos a otros mediante engaños. Un corresponsal nos es-
cribe que ver a los chiquilines pretendiendo ser la "dama fanfarrona", es
verdaderamente divertido. Dice que algunos de nuestros caricaturistas de-
bieran tomar una lección en ironía de lo grotesco comparando la realidad y
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