Drácula


Cuando llegó ya eran cerca de las seis de la tarde y el sol se estaba
ocultando con todo esplendor y colorido, y la luz roja fluía a través de la
ventana y le daba más color a las pálidas mejillas. Al verla, Arthur simple-
mente se ahogó de emoción, y ninguno de nosotros pudo hablar. En las
horas que habían pasado, los períodos de sueño, o la condición comatosa
que simulaba serlo, se habían hecho más frecuentes, de tal manera que las
pausas durante las cuales la conversación era posible se habían reducido.
Sin embargo, la presencia de Arthur pareció actuar como un estimulante;
se reanimó un poco y habló con él más lúcidamente de lo que lo había
hecho desde nuestra llegada. El también se dominó y habló tan alegre-
mente como pudo, de tal manera que se hizo lo mejor.
Va a dar la una de la mañana, y él y van Helsing están sentados con
ella. Yo los relevaré dentro de un cuarto de hora, y estoy consignando esto
en el fonógrafo de Lucy. Tratarán de descansar hasta las seis. Temo que
mañana se termine nuestra vigilancia, pues la impresión ha sido demasiado
grande; la pobre chiquilla no se puede reanimar. Dios nos ayude a todos.

Carta de Mina Harker a Lucy Westenra
(sin abrir)
17 de septiembre
"Mi querida Lucy:
"Me parece que han pasado siglos desde que tuve noticias de ti, o
más bien desde que te escribí. Sé que me perdonarás por todas mis faltas
cuando hayas leído las noticias que te voy a dar. Bien, pues traje a mi
marido de regreso en buenas condiciones; cuando llegamos a Exéter nos
estaba esperando un carruaje, y en él, a pesar de tener un ataque de gota, el
señor Hawkins nos llevó a su casa, donde había habitaciones para noso-
tros, todas arregladas y cómodas, y cenamos juntos. Después de cenar, el
señor Hawkins dijo:
"-Queridos míos, quiero brindar por vuestra salud y prosperidad, y
que todas las bendiciones caigan sobre vosotros dos. Os conozco desde
niños, y he visto, con amor y orgullo, como crecíais. Ahora deseo que
hagáis vuestro hogar aquí conmigo. Yo no dejo tras de mí ni descendientes
ni hijos; todos se han ido, y en mi testamento os instituyo herederos uni-
versales.
"Yo lloré, Lucy querida, mientras Jonathan y el anciano señor
Hawkins se estrechaban las manos. Tuvimos una velada muy, muy feliz.
"Así es que aquí estamos, instalados en esta bella y antigua casa, y
tanto desde mi dormitorio como desde la sala puedo ver muy cerca los
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