Drácula


-La mejor cosa que hay en este mundo cuando una mujer está en
peligro, es la sangre de un hombre valiente. Usted es un hombre, y no hay
duda. Bien, el diablo puede trabajar contra nosotros haciendo todos sus
esfuerzos, pero Dios nos envía hombres cuando los necesitamos.
Una vez más tuvimos que efectuar la horrenda operación. No tengo
valor para describirla nuevamente en detalle. Lucy estaba terriblemente
débil, y la debilidad la había afectado más que las otras veces, pues aunque
bastante sangre penetró en sus venas, su cuerpo no respondió al
tratamiento tan rápidamente como en otras ocasiones. Su lucha por man-
tenerse en vida era algo terrible de ver y escuchar. Sin embargo, el fun-
cionamiento, tanto de su corazón como de sus pulmones, mejoró, y van
Helsing practicó inyección subcutánea de morfina, como antes, y con bue-
nos resultados. Su desmayo se convirtió en un sueño profundo. El profesor
la observó mientras yo bajaba con Quincey Morris, y envié a una de las
sirvientas a que le pagara al cochero que estaba esperando. Dejé a Quincey
acostado después de haberle servido un vaso de vino, y le dije a la cocinera
que preparara un buen desayuno. Entonces tuve una idea y regresé al
cuarto donde estaba Lucy. Cuando entré, sin hacer ruido, encontré a van
Helsing con una o dos hojas de papel en las manos. Era evidente que las
había leído, y que ahora estaba reflexionando sobre su contenido, sentado
con una mano en su frente. Había una mirada de torva satisfacción en su
cara, como la de alguien que ha resuelto una duda. Me entregó los papeles,
diciendo solamente:
-Se cayó del pecho de Lucy cuando la llevábamos hacia el baño.
Cuando los hube leído, me quedé mirando al profesor, y después de
una pausa le pregunté:
-En nombre de Dios, ¿qué significa todo esto? ¿Estaba ella, o está
loca? ¿O qué clase de horrible peligro es?
Estaba tan perplejo que no encontré otra cosa que decir. Van Hel-
sing extendió la mano y tomó el papel diciendo:
-No se preocupe por ello ahora. De momento, olvídelo. Todo lo
sabrá y lo comprenderá a su tiempo; pero será más tarde. Y ahora, ¿qué
venía a decirme?
Esto me regresó a los hechos, y nuevamente fui yo mismo.
-Vine a hablarle acerca del certificado de defunción. Si no actuamos
como es debido y sabiamente, puede haber pesquisas, y tendríamos que
mostrar ese papel. Yo espero que no haya necesidad de pesquisas, pues si
las hubiera, eso seguramente mataría a la pobre Lucy, si no la mata otra
cosa. Yo sé, y usted sabe, y el otro doctor que la atendía a ella también,
que la señora Westenra padecía de una enfermedad del corazón; nosotros
148

148