Bram Stoker


gotas de brandy. Yo noté que van Helsing ató un suave pañuelo de seda
alrededor de su cuello. Ella todavía estaba inconsciente, y estaba tan mal, si
no peor, de como jamás la hubiéramos visto.
Van Helsing llamó a una de las mujeres y le dijo que se quedara con
ella y que no le quitara los ojos de encima hasta que regresáramos. Luego
me hizo una seña para que saliéramos del cuarto.
-Debemos consultar sobre lo que vamos a hacer -me dijo, mientras
descendíamos por las gradas.
En el corredor abrió la puerta del comedor y entramos en é1, cer-
rando cuidadosamente la puerta. Las persianas habían quedado abiertas,
pero las celosías ya estaban bajadas, con esa obediencia a la etiqueta de la
muerte que la mujer británica de las clases inferiores siempre observa con
rigidez. Por lo tanto, el cuarto estaba bastante oscuro. Sin embargo, había
suficiente luz para nuestros propósitos. La seriedad de van Helsing se miti-
gaba un tanto por una mirada de perplejidad. Evidentemente estaba tortu-
rando su cerebro acerca de algo, por lo que yo esperé unos instantes, al
cabo de los cuales dijo:
-¿Qué vamos a hacer ahora? ¿A quién podemos recurrir? Debemos
hacer otra transfusión de sangre, y eso con prontitud, o la vida de esa po-
bre muchacha no va a durar una hora. Usted ya está agotado; yo estoy
agotado también. Yo temo confiar en esas mujeres. aun cuando tuviesen el
valor de someterse. ¿Qué debemos hacer por alguien que desee abrir sus
venas por ella?
-Bien, entonces, ¿qué pasa conmigo?
La voz llegó desde el sofá al otro lado del cuarto, y sus tonos lleva-
ron aliento y alegría a mi corazón, pues eran los de Quincey Morris. Van
Helsing lo miró enojado al primer sonido, pero su rostro se suavizó y una
mirada alegre le asomó por los ojos cuando yo grité: "¡Quincey Morris!", y
corrí hacia él con los brazos extendidos.
-¿Qué te trajo aquí? -le pregunté, al estrecharnos las manos.
-Supongo que la causa es Art.
Me entregó un telegrama:
"No he tenido noticias de Seward durante tres días, y estoy terri-
blemente ansioso. No puedo ir. Mi padre en el mismo estado. Envíame
noticias del estado de Lucy. No tardes. - HOLMWOOD."
-Creo que he llegado apenas a tiempo. Sabes que sólo tienes que
decirme qué debo hacer.
Van Helsing dio unos pasos hacia adelante y tomó su mano, mirán-
dolo fijamente a los ojos mientras le decía:



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