Bram Stoker


puesto, y por favor así arreglado, que podamos ver a la joven dama no tan
tarde mañana mismo, pues es probable que yo tenga que regresar aquí esa
noche. Pero si hay necesidad, regresaré otra vez tres días después, y estaré
más tiempo si es preciso. Hasta entonces, mi buen amigo John, adiós.
VAN HELSING"


Carta del doctor Seward al honorable Arthur Holmwood
3 de septiembre
"Querido Art:
"Vino van Helsing y se fue. Fue conmigo a Hillingham, y encontré
que, por discreción de Lucy, su madre había salido invitada a comer, de tal
manera que quedamos solos con ella. Van Helsing hizo un examen muy
minucioso de la paciente. Quedó en comunicármelo a mí, y yo te aconse-
jaré a ti, pues por supuesto yo no estuve presente. Está, lo temo, muy pre-
ocupado, pero me dijo que debía reflexionar. Cuando yo le dije de nuestra
amistad y cómo tú me habías confiado el asunto, él dijo: 'Debe usted de-
cirle todo lo que piensa. Dígale lo que pienso yo, si usted puede adivinar, y
usted adivinará. No; no estoy bromeando. Esta no es broma, sino vida y
muerte; quizá más.' Le pregunté qué quería decir con aquello, pues estaba
muy serio. Esto sucedió cuando ya habíamos regresado a la ciudad, y es-
taba tomando una taza de té antes de iniciar su regreso a Amsterdam. No
me dio ninguna pista más. No debes estar enojado conmigo, Art, porque
su misma reticencia significa que todo su cerebro está trabajando por el
bien de ella. Puedes estar seguro de que, a su debido tiempo, hablará con
toda claridad. Así es que yo le dije que escribiría simplemente un registro
de nuestra visita, justamente como si estuviese haciendo un artículo de-
scriptivo especial para el Daily Telegraph. Pareció no tomar nota de ello, y
sólo comentó que el hollín de Londres no era tan malo como solía ser cu-
ando él era estudiante aquí. Yo recibiré su informe mañana, si tiene tiempo
para hacerlo. En todo caso, recibiré una carta.
"Bien, ahora, a la visita. Lucy estaba más alegre que el día que la vi
por primera vez, y desde luego parecía estar mucho mejor. Había perdido
algo de aquella mirada fantasmal que tanto te inquieta, y su respiración era
normal. Fue muy dulce con el profesor (siempre lo es), y trató de que se
sintiera tranquilo; sin embargo, yo pude ver que la pobre muchacha estaba
haciendo un gran esfuerzo. Creo que van Helsing también lo notó, pues
bajo sus espesas cejas vi aquella rápida mirada que tan bien conozco. En-
tonces, comenzó a charlar de todas las cosas posibles menos de nosotros y
las enfermedades, y lo hizo con tanto ingenio que yo pude ver cómo la


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