Drácula


he hecho lo mejor que sé: le he escrito a mi viejo amigo y maestro, el pro-
fesor van Helsing, de Amsterdam, que es una de las personas que más
conocimientos tiene sobre enfermedades raras en el mundo. Le he pedido
que venga, y como tú me dijiste que todas estas cosas estarían a tu cargo,
te he mencionado a ti y tus relaciones con la señorita Westenra. Esto, mi
viejo amigo, es en obsequio de tus deseos, pues yo me siento demasiado
orgulloso y demasiado feliz de poder hacer lo que pueda por ella. Yo sé
que van Helsing hará cualquier cosa por mí por una razón personal, así es
que no importa por qué motivos venga, debemos aceptar sus deseos. Es un
hombre aparentemente muy arbitrado, pero esto es porque él sabe de lo
que habla más que ninguna otra persona. Es un filósofo y un metafísico, y
uno de los científicos más avanzados de nuestra época; y tiene, supongo,
una mente absolutamente abierta. Esto, con unos nervios de acero, un
temperamento frío, una resolución indomable, un autocontrol y una toler-
ancia exaltada de virtudes y bendiciones, y el más amable de los más sin-
ceros corazones que laten, forman su equipo para la noble tarea que está
realizando por la humanidad, trabajo tanto en la teoría como en la práctica,
pues su visión es tan amplia como lo es su simpatía. Te cuento esto para
que tú puedas saber por qué tengo tanta confianza en él. Le he pedido que
venga inmediatamente. Mañana veré otra vez a la señorita Westenra. Nos
veremos en la ciudad, de manera que yo no alarme a su madre con mi
visita.
"Tu amigo,
JOHN SEWARD"

Carta de Abraham Helsing, Doctor en Medicina, Filosofía
y Letras, etc., al doctor Seward
3 de septiembre
"Mi buen amigo:
"Cuando he recibido su carta ya estoy de camino hacia usted. Por
buena fortuna puedo partir de inmediato, sin mal para ninguno de aquellos
que han confiado en mí. Fueran otras las circunstancias, sería perjudicial
para esos que han confiado en mí, pues yo voy adonde mi amigo cuando él
me llama para ayudar a aquellos a quienes tiene cariño. Dígale a su amigo
que cuando aquella vez usted chupó de mi herida tan rápidamente el
veneno de la gangrena de aquel cuchillo que nuestro otro amigo, tan ner-
vioso, dejó deslizar, hizo usted más por él cuando él quiere mi ayuda y
usted la solicita, que todo lo que puede hacer su gran fortuna. Pero es un
doble placer hacerlo por él, su amigo; y hacia usted voy. Tenga ya dis-

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