Drácula


(Las arañas son de momento su mayor entretenimiento, y su libreta
se está llenando con columnas de pequeños números.)
A esto me respondió enigmáticamente:
-Las madrinas de la boda regocijan sus ojos, que esperan la llegada
de la novia; pero cuando la novia se va a acostar, entonces las madrinas no
relucen a los ojos que están llenos.
No quiso dar ninguna explicación de lo dicho sino que permaneció
obstinadamente sentado en la cama todo el tiempo que estuve con él.
Esta noche estoy bastante cansado y desanimado. No puedo dejar
de pensar en Lucy, y de cómo hubiesen sido las cosas diferentes, Si no
duermo de inmediato, cloral, el moderno Morfeo: C2HCl3O.H2O. Debo
tener mucho cuidado para no habituarme a él. ¡No, no tomaré nada esta
noche! He pensado en Lucy, y no la deshonraré a ella mezclándola con lo
otro. Si así tiene que ser, pasaré la noche en vela...
Más tarde. Estoy contento de haber tomado esa resolución; más
contento aún de haberla realizado. Había estado dando vueltas en la cama
durante algún tiempo; y sólo había escuchado al reloj dar dos veces la
hora, cuando el guardia de turno vino a verme, enviado por mi asistente,
para decirme que Renfield se había escapado. Me vestí y bajé corriendo
inmediatamente; mi paciente es una persona demasiado peligrosa como
para que ande suelta. Esas ideas que tiene pueden trabajar peligrosamente
frente a extraños. El asistente me estaba esperando. Me dijo que lo había
visto hacía menos de diez minutos, aparentemente dormido sobre su cama,
cuando miró a través de la rendija de observación en la puerta. Luego su
atención fue atraída por el ruido de una ventana que estaba siendo desen-
cajada. Corrió de regreso y vio que sus pies desaparecían a través de la
ventana, y entonces envió rápidamente al guardia a que me llamara. Ren-
field estaba sólo con su ropa de noche, por lo que no debía andar muy le-
jos. El asistente pensó que sería más útil mirar hacia donde iba que
perseguirlo, ya que podía perderlo de vista mientras daba vuelta para salir
por la puerta del edificio.
Era un hombre corpulento, y no podía salir por la ventana. Yo soy
delgado, así es que con su ayuda, salí, pero con los pies primero, y como
sólo nos encontrábamos a unos cuantos pies sobre la tierra, caí sin lasti-
marme. El asistente me dijo que el paciente había corrido hacia la izquierda
y había desaparecido en línea recta. Por lo que yo me apresuré en la misma
dirección lo más velozmente que pude; al tiempo que atravesaba el cin-
turón de árboles vi una figura blanca escalando el alto muro que separa
nuestros terrenos de los de la casa desierta.

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