fueran, y mezclan así sus colores,
no parecían ya lo que antes eran, 63

como se extiende a causa del ardor,
por el papel, ese color oscuro,
que aún no es negro y ya deja de ser blanco. 66

Los otros dos miraban, cada cual
gritando: «¡Agnel, ay, cómo estás cambiando!
¡mira que ya no sois ni dos ni uno! 69

Las dos cabezas eran ya una sola,
y mezcladas se vieron dos figuras
en una cara, donde se perdían. 72

Cuatro miembros hiciéronse dos brazos;
los muslos con las piernas, vientre y tronco
en miembros nunca vistos se tornaron. 75

Ya no existian las antiguas formas:
dos y ninguna la perversa imagen
parecía; y se fue con paso lento. 78

Como el lagarto bajo el gran azote
de la canícula, al cambiar de seto,
parece un rayo si cruza el camino; 81

tal parecía, yendo a las barrigas
de los restantes, una sierpe airada,
tal grano de pimienta negra y livida; 84

y en aquel sitio que primero toma
nuestro alimento, a uno le golpea;
luego al suelo cayó a sus pies tendida. 87

El herido miró, mas nada dijo;
antes, con los pies quietos, bostezaba,
como si fiebre o sueño le asaltase. 90

Él a la sierpe, y ella a él miraba;
él por la llaga, la otra por la boca
humeaban, el humo confundiendo. 93

Calle Lucano ahora donde habla
del mísero Sabello y de Nasidio, 95
y espere a oír aquello que describo. 96

Calle Ovidio de Cadmo y de Aretusa; 97
que si aquél en serpiente, en fuente a ésta

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