si del lugar oscuro tal vez sales, 141

abre el oído y este anuncio escucha:
Pistoya de los negros enflaquece: 143
luego en Florencia cambian gente y modos. 144

De Val de Magra Marte manda un rayo
rodeado de turbios nubarrones;
y en agria tempestad impetuosa, 147

sobre el campo Piceno habrá un combate; 148
y de repente rasgará la niebla,
de modo que herirá a todos los blancos. 150
¡Esto te digo para hacerte daño!»

CANTO XXV

El ladrón al final de sus palabras,
alzó las manos con un par de higas, 2
gritando: «Toma, Dios, te las dedico.» 3

Desde entonces me agradan las serpientes,
pues una le envolvió entonces el cuello,
cual si dijese: «No quiero que sigas»; 6

y otra a los brazos, y le sujetó
ciñéndose a sí misma por delante.
que no pudo con ella ni moverse. 9

¡Ah Pistoya, Pistoya, por qué niegas 10
incinerarte, así que más no dures,
pues superas en mal a tus mayores! 12

En todas las regiones del infierno
no vi a Dios tan soberbio algún espíritu,
ni el que cayó de la muralla en Tebas. 15

Aquel huyó sin decir más palabra;
y vi venir a un centauro rabioso,
llamando: «¿Dónde, dónde está el soberbio?» 18

No creo que Maremma tantas tenga,
cuantas bichas tenía por la grupa,
hasta donde comienzan nuestras formas. 21

Encima de los hombros, tras la nuca,
con las alas abiertas, un dragón
tenía; y éste quema cuanto toca. 24

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