muchos vicios del diablo, y entre otros
que es mentiroso y padre del embuste.» 144

Rápidamente el guía se marchó,
con el rostro turbado por la ira;
y yo me separé de los cargados, 147
detrás siguiendo las queridas plantas.

CANTO XXIV

En ese tiempo en el que el año es joven 1
y el sol sus crines bajo Acuario templa,
y las noches se igualan con los días, 3

cuando la escarcha en tierra se asemeja
a aquella imagen de su blanca hermana,
mas poco dura el temple de su pluma; 6

el campesino falto de forraje,
se levanta y contempla la campiña
toda blanca, y el muslo se golpea, 9

vuelve a casa, y aquí y allá se duele,
tal mezquino que no sabe qué hacerse;
sale de nuevo, y cobra la esperanza, 12

viendo que al monte ya le cambió el rostro
en pocas horas, toma su cayado,
y a pacer fuera saca las ovejas. 15

De igual manera me asustó el maestro
cuando vi que su frente se turbaba,
mas pronto al mal siguió la medicina; 18

pues, al llegar al derruido puente,
el guía se volvió a mí con el rostro
dulce que vi al principio al pie del monte; 21

abrió los brazos, tras de haber tomado
una resolución, mirando antes
la ruina bien, y se acercó a empinarme. 24

Y como el que trabaja y que calcula,
que parece que todo lo prevea,
igual, encaramándome a la cima 27

de un peñasco, otra roca examinaba,
diciendo: «Agárrate luego de aquélla;
pero antes ve si puede sostenerte.» 30

87