Caminábamos pues el cuarto margen:
volvimos y bajamos a la izquierda
al fondo estrecho y agujereado. 42

Entonces el maestro de su lado
no me apartó, hasta vernos junto al hoyo
de aquel que se dolía con las zancas. 45

«Oh tú que tienes lo de arriba abajo,
alma triste clavada cual madero,
-le dije yo-, contéstame si puedes.» 48

Yo estaba como el fraile que confiesa 49
al pérfido asesino, que, ya hincado,
por retrasar su muerte le reclama. 51

Y él me gritó: «¿Ya estás aquí plantado?, 52
¿ya estás aquí plantado, Bonifacio?
En pocos años me mintió lo escrito. 54

¿Ya te cansaste de aquellas riquezas
por las que hacer engaño no temiste,
y atormentar después a tu Señora?» 57

Me quedé como aquellos que se encuentran,
por no entender lo que alguien les responde,
confundidos, y contestar no saben. 60

Dijo entonces Virgilio: «Dile pronto:
"No soy aquel, no soy aquel que piensas."»
Yo respondí como me fue indicado. 63

Torció los pies entonces el espíritu,
luego gimiendo y con voces llorosas,
me dijo: «¿Entonces, para qué me buscas? 66

si te interesa tanto el conocerme,
que has recorrido así toda la roca,
sabe que fui investido del gran manto, 69

y en verdad fui retoño de la Osa,
y tan ansioso de engordar oseznos,
que allí el caudal, aquí yo, me he embolsado. 72

Y bajo mi cabeza están los otros
que a mí, por simonía, precedieron,
y que lo estrecho de la piedra aplasta. 75

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