tal como él hizo en la lucha de Flegra,
y me asaeteara con sus fuerzas,
no podría vengarse alegremente.» 60

Mi guía entonces contestó con fuerza
tanta, que nunca le hube así escuchado:
«Oh Capaneo, mientras no se calme 63

tu soberbia, serás más afligido:
ningún martirio, aparte de tu rabia,
a tu furor dolor será adecuado.» 66

Después se volvió a mí con mejor tono,
«Éste fue de los siete que asediaron
a Tebas; tuvo a Dios, y me parece 69

que aún le tenga, desdén, y no le implora;
mas como yo le dije, sus despechos
son en su pecho galardón bastante. 72

Sígueme ahora y cuida que tus pies
no pisen esta arena tan ardiente,
mas camina pegado siempre al bosque.» 75

En silencio llegamos donde corre
fuera ya de la selva un arroyuelo, 77
cuyo rojo color aún me horripila: 78

como del Bulicán sale el arroyo 79
que reparten después las pecadoras, t
al corrta a través de aquella arena. 81

El fondo de éste y ambas dos paredes
eran de piedra, igual que las orillas;
y por ello pensé que ése era el paso. 84

«Entre todo lo que yo te he enseñado,
desde que atravesamos esa puerta
cuyos umbrales a nadie se niegan, 87

ninguna cosa has visto más notable
como el presente río que las llamas
apaga antes que lleguen a tocarle.» 90

Esto dijo mi guía, por lo cual
yo le rogué que acrecentase el pasto,
del que acrecido me había el deseo. 93

«Hay en medio del mar un devastado

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