como cazar solían en el mundo. 57

Viéndonos descender, se detuvieron,
y de la fila tres se separaron
con los arcos y flechas preparadas. 60

Y uno gritó de lejos: «¿A qué pena
venís vosotros bajando la cuesta?
Decidlo desde allí, o si no disparo.» 63

«La respuesta -le dijo mi maestro-
daremos a Quirón cuando esté cerca:
tu voluntad fue siempre impetuosa.» 66

Después me tocó, y dijo: «Aquel es Neso, 67
que murió por la bella Deyanira,
contra sí mismo tomó la venganza. 69

Y aquel del medio que al pecho se mira,
el gran Quirón, que fue el ayo de Aquiles; 71
y el otro es Folo, el que habló tan airado. 72

Van a millares rodeando el foso,
flechando a aquellas almas que abandonan
la sangre, más que su culpa permite.» 75

Nos acercamos a las raudas fieras:
Quirón cogió una flecha, y con la punta,
de la mejilla retiró la barba. 78

Cuando hubo descubierto la gran boca,
dijo a sus compañeros; «¿No os dais cuenta
que el de detrás remueve lo que pisa? 81

No lo suelen hacer los pies que han muerto.»
Y mi buen guía, llegándole al pecho,
donde sus dos naturas se entremezclan, 84

respondió: «Está bien vivo, y a él tan sólo
debo enseñarle el tenebroso valle:
necesidad le trae, no complacencia. 87

Alguien cesó de cantar Aleluya,
y ésta nueva tarea me ha encargado:
él no es ladrón ni yo alma condenada. 90

Mas por esta virtud por la cual muevo
los pasos por camino tan salvaje,
danos alguno que nos acompañe, 93

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