en ella todo está, y fuera de ella
lo que es perfecto allí, es defectuoso. 105

Han de ser mis palabras desde ahora,
más cortas, y esto sólo a mi recuerdo, 107
que las de un niño que aún la leche mama. 108

No porque más que un solo aspecto hubiera
en la radiante luz que yo veía,
que es siempre igual que como era primero; 111

mas por mi vista que se enriquecía
cuando miraba su sola apariencia,
cambiando yo, ante mí se transformaba. 114

En la profunda y clara subsistencia
de la alta luz tres círculos veía
de una misma medida y tres colores; 117

Y reflejo del uno el otro era,
como el iris del iris, y otro un fuego
que de éste y de ése igualmente viniera. 120

¡Cuán corto es el hablar, y cuán mezquino
a mi concepto! y éste a lo que vi,
lo es tanto que no basta el decir «poco». 123

¡Oh luz eterna que sola en ti existes,
sola te entiendes, y por ti entendida
y entendiente, te amas y recreas! 126

El círculo que había aparecido 127
en ti como una luz que se refleja,
examinado un poco por mis ojos, 129

en su interior, de igual color pintada,
me pareció que estaba nuestra efigie:
y por ello mi vista en él ponía. 132

Cual el geómetra todo entregado
al cuadrado del círculo, y no encuentra,
pensando, ese principio que precisa, 135

estaba yo con esta visión nueva:
quería ver el modo en que se unía
al círculo la imagen y en qué sitio; 138

pero mis alas no eran para ello:
si en mi mente no hubiera golpeado

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