para que tú le quites cualquier nube
de su mortalidad con tus plegarias,
tal que el sumo placer se le descubra. 33

También reina, te pido, tú que puedes
lo que deseas, que conserves sanos,
sus impulsos, después de lo que ha visto. 36

Venza al impulso humano tu custodia:
ve que Beatriz con tantos elegidos
por mi plegaria te junta las manos!» 39

Los ojos que venera y ama Dios,
fijos en el que hablaba, demostraron
cuánto el devoto ruego le placía; 42

luego a la eterna luz se dirigieron,
en la que es impensable que penetre
tan claramente el ojo de ninguno. 45

Y yo que al final de todas mis ansias
me aproximaba, tal como debía,
puse fin al ardor de mi deseo. 48

Bernardo me animaba, sonriendo
a que mirara abajo, mas yo estaba
ya por mí mismo como aquél quería: 51

pues mi mirada, volviéndose pura,
más y más penetraba por el rayo
de la alta luz que es cierta por sí misma. 54

Fue mi visión mayor en adelante
de lo que puede el habla, que a tal vista,
cede y a tanto exceso la memoria. 57

Como aquel que en el sueño ha visto algo,
que tras el sueño la pasión impresa
permanece, y el resto no recuerda, 60

así estoy yo, que casi se ha extinguido
mi visión, mas destila todavía
en mi pecho el dulzor que nace de ella. 63

Así la nieve con el sol se funde;
así al viento en las hojas tan livianas
se perdía el saber de la Sibila. 66

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