y que el daño no vean no es excusa. 108

No dijo a su primer convento Cristo:
"Id y patrañas predicad al mundo";
sino les dio cimientos de certeza; 111

y ésta sonó en sus bocas solamente,
de modo que luchando por la fe
del Evangelio escudo y lanza hicieron. 114

Y ahora con bufonadas y con trampas
se predica, y con tal que cause risa,
la capucha se hincha y más no pide. 117

Mas tal pájaro anida en el capuz, 118
que si lo viese el vulgo, allí vería
qué indulgencias tendrá confiando en ése: 120

que en la tierra acrecientan la estulticia,
de tal manera que, sin prueba alguna
de su certeza, corren tras de ellas. 123

Esto engorda al cebón de San Antonio, 124
y a otros muchos más cerdos todavía,
que pagan con monedas no acuñadas. 126

Mas como es larga ya la digresión,
vuelve los ojos a la recta vía,
y se abrevien el tiempo y el camino. 129

Esta naturaleza tanto aumenta
en número al subir, que no hay palabras
ni conceptos mortales que las sigan; 132

y si recuerdas lo que se revela
en Danïel, verás que en sus millares 134
y millares su número se esconde. 135

La luz primera que toda la alumbra, 136
de tantas formas ella en sí recibe,
cual son las llamas a las que se une. 138

Y así, al igual que al acto que concibe
sigue el afecto, de amor la dulzura
ardiente o tibio en ella es diferente. 141

Ve pues la excelsitud y la grandeza
del eterno poder, puesto que tantos
espejos hizo en que multiplicarse, 144

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