porque se lo enseñó quien vio aquí arriba, 138
y otras muchas verdades de este mundo!»

CANTO XXIX

Cuando uno y otro hijo de Latona,
por debajo de Libra y del Carnero,
son límites los dos de un horizonte, 3

cuanto hay desde el momento de equilibrio
hasta que el uno u otro de aquel cinto,
cambiando de hemisferio, se desata, 6

tanto, la risa pintada en su rostro,
muda estuvo Beatriz mirando fijo
el punto que me había derrotado. 9

Dijo después: «Diré, sin que preguntes,
lo que quieres oír, porque lo he visto
donde convergen todo quando y ubi. 12

No por acrecentar sus propios bienes, 13
que es imposible, mas porque su luz
pudiese, en su esplendor decir "Subsisto", 15

allí en su eternidad, fuera de toda
comprensión y de tiempo, libremente,
se abrió en nuevos amores el eterno. 18

No es porque antes ocioso estuviera;
pues ni después ni antes precedió 20
el discurrir de Dios sobre estas aguas. 21

Forma y materia, ya puras o juntas, 22
salieron a existir sin fallo alguno,
como de arco tricorde tres saetas. 24

Y como en vidrio, en ámbar o en cristales
el rayo resplandece, de tal modo
que el llegar y el lucir es todo en uno, 27

de igual forma irradió el triforme efecto
de su Sir a su ser a un tiempo mismo
sin que hubiese ninguna diferencia. 30

Concreado fue el orden y dispuesto 31
a las sustancias; y del mundo cima
fueron aquellas hechas acto puro; 33

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