¿y es que esta dulce vida no es su patria? 93

Y tu hermano de forma aún más patente, 94
al hablar de las blancas vestiduras,
esta revelación nos manifiesta. 96

Y primero, después de estas palabras,
«Sperent in te» se oyó sobre nosotros; 98
y replicaron todos los benditos. 99

Luego tras esto se encendió una luz 100
tal que, si en Cáncer tal fulgor hubiese, 101
sólo un día sería el mes de invierno. 102

Y como se alza y va y entra en el baile
una cándida virgen, para honrar
a la novicia, y no por vanagloria, 105

así vi yo al encendido esplendor
acercarse a los dos que daban vueltas
al ritmo que su ardiente amor marcaba. 108

Se ajustó allí a su canto y a su rueda;
y atenta los miraba mi señora,
como una esposa inmóvil y callada. 111

«Es éste quien yaciera sobre el pecho
de nuestro pelicano, y éste fue 113
desde la cruz propuesto al gran oficio.» 114

Dijo así mi señora; mas por esto
su vista no dejó de estar atenta 116
despues como antes de que hubiera hablado. 117

Como es aquel que mira y que pretende
ver eclipsarse el sol por un momento,
y que, por ver, no vidente se vuelve 120

con el último fuego hice lo mismo
hasta que se me dijo: «¿Por qué ciegas
para ver una cosa que no existe? 123

Mi cuerpo es tierra en tierra, y lo será
con todos los demás, hasta que el número
al eterno propósito se iguale. 126

Con las dos vestes en el santo claustro
sólo están las dos luces que ascendieron; 128
y esto habrás de decir en vuestro mundo.» 129

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