Pero aquella pregunta que me hiciste
pronto será aquí mismo satisfecha,
y también el deseo que me callas.» 18

Y yo: «Buen guía, no te oculta nada
mi corazón, si no es por hablar poco;
y tú me tienes a ello predispuesto.» 21

«Oh toscano que en la ciudad del fuego 22
caminas vivo, hablando tan humilde,
te plazca detenerte en este sitio, 24

porque tu acento demuestra que eres
natural de la noble patria aquella
a la que fui, tal vez, harto dañoso.» 27

Este son escapó súbitamente
desde una de las arcas; y temiendo,
me arrimé un poco más a mi maestro. 30

Pero él me dijo: « Vuélvete, ¿qué haces?
mira allí a Farinatta que se ha alzado;
le verás de cintura para arriba.» 33

Fijado en él había ya mi vista;
y aquél se erguía con el pecho y frente
cual si al infierno mismo despreciase. 36

Y las valientes manos de mi guía
me empujaron a él entre las tumbas,
diciendo: «Sé medido en tus palabras.» 39

Como al pie de su tumba yo estuviese,
me miró un poco, y como con desdén,
me preguntó: «¿Quién fueron tus mayores?» 42

Yo, que de obedecer estaba ansioso,
no lo oculté, sino que se lo dije,
y él levantó las cejas levemente. 45

«Con fiereza me fueron adversarios
a mí y a mi partido y mis mayores,
y así dos veces tuve que expulsarles.» 48

« Si les echaste -dije- regresaron
de todas partes, una y otra vez;
mas los vuestros tal arte no aprendieron.» 51

Surgió entonces al borde de su foso

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