y la mayor y la más encendida
de aquellas perlas vino hacia adelante,
para dejar satisfechas mis ganas. 30

Dentro de ella escuché luego: «Si vieses 31
la caridad que entre nosotras arde,
lo que piensas habrías expresado. 33

Mas para que, esperando, no demores
el alto fin, habré de responderte
al pensamiento sólo que así guardas. 36

El monte en cuya falda está Cassino 37
estuvo ya en su cima frecuentado
por la gente engañada y mal dispuesta; 39

y yo soy quien primero llevó arriba
el nombre de quien trajo hasta la tierra
esta verdad que tanto nos ensalza; 42

y brilló tanta gracia sobre mí,
que retraje a los pueblos circundantes
del culto impío que sedujo al mundo. 45

Los otros fuegos fueron todos hombres
contemplativos, de ese ardor quemados
del que flores y frutos santos nacen. 48

Está Macario aquí, y está Romualdo, 49
y aquí están mis hermanos que en los claustros
detuvieron sus almas sosegadas. 51

Y yo a él: «El afecto que al hablarme
demuestras y el benévolo semblante
que en todos vuestros fuegos veo y noto, 54

de igual modo acrecientan mi confianza,
como hace al sol la rosa cuando se abre
tanto como permite su potencia. 57

Te ruego pues, y tú, padre, concédeme
si merezco gracia semejante,
que pueda ver tu imagen descubierta.» 60

Y aquél: «Hermano, tu alto deseo 61
ha de cumplirse allí en la última esfera,
donde se cumplirán todos y el mío. 63

Allí perfectos, maduros y enteros

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