que dejaron su huella en vuestra infancia; 24

decidme cómo era en aquel tiempo
el redil de san Juan, y quiénes eran 26
los dignos de los puestos elevados.» 27

Como se aviva cuando el viento sopla
el carbón encendido, así vi a aquella
luz brillar con mi hablar respetuoso; 30

y haciéndose más bella ante mis ojos,
así con voz más dulce y más suave,
mas no con este lenguaje moderno, 33

me dijo: «Desde el día en que fue dicho 34
"Ave", hasta el parto en que mi santa madre,
se vio libre de mí, que la gravaba, 36

a su León quinientas y cincuenta
y treinta veces este fuego vino
a inflamarse otra vez bajo sus plantas. 39

Mis mayores y yo nacimos donde
primero encuentra el último distrito
quien corre en vuestros juegcos anuales. 42

De mis mayores basta escucha-- esto:
quiénes fueran y cuál su procedencia,
más conviene callar que declararlo. 45

Todos los que podían aquel tiempo
entre el Bautista y Marte llevar armas,
eran el quinto de los que hay ahora. 48

Mas la ciudadanía, ahora mezclada
de Campi, de Certaldo y de Fegghine,
pura se hallaba hasta en los artesanos. 51

¡Oh cuánto mejor fuera ser vecino
de esas gentes que digo, y a Galluzzo
y a Trespiano tener como confines, 54

que tener dentro y aguantar la peste
de ese ruin de Aguglión, y del de Signa,
de tan aguda vista para el fraude! 57

Si la gente que al mundo más corrompe 58
no hubiera sido madrastra del César,
mas cual benigna madre para el hijo, 60

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