No tenía coronas ni pulseras,
ni faldas recamadas, ni cintillos
que gustara ver más que a las personas. 102

Aún no le daba miedo si nacía
la hija al padre, pues la edad y dote
ni una ni otra excedían la medida. 105

No había casas faltas de familia; 106
aún no había enseñado Sardanápalo 107
lo que se puede hacer en una alcoba. 108

Aún no estaba vencido Montemalo 109
por vuestro Uccelatoio, que cayendo
lo vencerá al igual que en la subida. 111

Vi andar ceñido a Belincione Berti 112
con piel de oso, y volver del espejo
a su mujer sin la cara pintada; 114

y vi a los Nerli alegres y a los Vechio 115
de vestir simples pieles, y a la rueca
atendiendo y al huso sus esposas. 117

¡Oh afortunadas! estaban seguras 118
del sepulcro, y ninguna aún se encontraba
abandonada por Francia en el lecho. 120

Una cuidaba atenta de la cuna,
y, por consuelo, usaba el idioma
que divierte a los padres y a las madres; 123

otra, tirando a la rueca del pelo,
charloteaba con sus familiares
de Fiésole, de Roma, o los troyanos. 126

Entonces por milagro se tendrían 127
una Cianghella, un Lapo Saltarello,
como ahora Cornelia o Cincinato. 129

A un tan hermoso, a un tan apacible
vivir de ciudadano, a una tan fiel
ciudadanía, y a un tan dulce albergue, 132

me dio María, a gritos invocada; 133
y en el antiguo bautisterio vuestro
fui cristiano a la par que Cacciaguida. 135

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