que caminaban sin saber adónde; 126

Y Arrio y Sabelio y todos esos necios, 127
que deforman, igual que las espadas, 128
la recta imagen de las Escrituras. 129

No se aventure el hombre demasiado
en juzgar, como aquel que aprecia el trigo
sembrado antes de que haya madurado; 132

que las zarzas he visto en el invierno
cuán ásperas, cuán rígidas mostrarse;
y engalanarse luego con las rosas; 135

y vi derecha ya y veloz la nave
correr el mar en todo su camino,
y perecer cuando llegaba a puerto. 138

No crean seor Martino y Doña Berta, 139
viendo robar a uno y dar a otro,
verlos igual en el juicio divino; 141
que uno puede caer y otro subir.»

CANTO XIV

Del centro al borde, y desde el borde al centro 1
se mueve el agua en un redondo vaso,
según se le golpea dentro o fuera: 3

de igual manera sucedió en mi mente
esto que digo, al callarse de pronto
el alma gloriosa de Tomás, 6

por la gran semejanza que nacía
de sus palabras con las de Beatriz,
a quien hablar, después de aquél, le plugo: 9

«Le es necesario a éste, y no lo dice,
ni con la voz ni aun con el pensamiento,
indagar la raíz de otra certeza. 12

Decidle si la luz con que se adorna 13
vuestra sustancia, durará en vosotros
igual que ahora se halla, eternamente; 15

y si es así, decidle cómo, luego
de que seáis de nuevo hechos visibles,
podréis estar sin que la vista os dañe.» 18

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