¡Oh secreta riqueza! ¡Oh bien fecundo!
Egidio se descalza, el buen Silvestre, 83
tras del esposo, así a la esposa place 84

De allí se fue aquel padre, aquel maestro
con su mujer y su demás familia
que el humilde cordón ya se ceñía. 87

No le inclinó la frente la vergüenza
de ser hijo de Pietro Bernardone, 89
ni porque pareciera despreciable; 90

mas dignamente su dura intención
a Inocencio le abrió, y de aquél obtuvo 92
el permiso primero de su orden. 93

Después creciendo ya los pobrecillos
detrás de aquél, cuya admirable vida
mejor gloriando al cielo se cantara, 96

de segunda corona el Santo Espíritu
ciñó, por mediación de Honorio, aquel 98 Honorio II aprobó
definitivamente la Orden en 1223.
santo deseo de este archimandrita. 99

Y después que, sediento de martirio,
en la presencia del Sultán soberbia
predicó a Cristo y quienes le siguieron, 102

y encontrando a esas gentes demasiado
reacias, para no estar inactivo,
volvióse al fruto del huerto de Italia, 105

en el áspero monte entre Arno y Tiber 106
de Cristo recibió el último sello,
que sus miembros llevaron por dos años. 108

Cuando el que a tanto bien le destinara
quiso hacerle subir al galardón
que él mereció por hacerse pequeño, 111

a sus hermanos, como justa herencia,
recomendó su dama más querida,
y les mandó que fielmente la amasen; 114

y de su seno el ánima preclara
quiso salir y volver a su reino,
y para el cuerpo otra caja no quiso. 117

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