Ahora si el ojo de la mente llevas
de luz en luz tras de mis alabanzas,
ya de la octava te encuentras sediento. 123

Viendo todos los bienes dentro goza
el alma santa que el mundo falaz 125
de manifiesto pone a quien le escucha: 126

el cuerpo del que fue arrojada yace
allá abajo en Cieldauro; y a esta calma
vino desde el martirio y el destierro 129

ve más allá las llamas del espíritu
de Isidoro, de Beda y de Ricardo, 131
que en su contemplación fue más que un hombre. 132

Esa de la cual pasa a mí tu vista,
es la luz de un espíritu que tarde
meditando, pensaba que moría: 135

esa es la luz eterna de Sigiero 136
que, enseñando en el barrio de la Paja,
silogismo verdades envidiadas.» 138

En fin, lo mismo que un reloj que llama
cuando la esposa del Señor despierta 140
a que cante maitines a su amado, 141

que una pieza a la otra empuja y urge,
tintineando con tan dulces notas,
que el alma bien dispuesta de amor llenan; 144

así vi yo la rueda gloriosa
moverse, voz a voz dando respuesta
tan suave y templada, que tan sólo 147
se escucha donde el gozo se eterniza.

CANTO XI

¡Oh cuán vano el afán de los mortales,
qué mezquinos son esos silogismos
que las alas te arrastran por el suelo! 3

Tras de los aforismos o los Iura 4
iban unos, o tras del sacerdocio
o del mandar por fuerza o por sofismas. 6

tras negocios civiles o robando,
o envueltos en el gozo de la carne

300