Y ya el alma de aquel santo lucero
se había vuelto al sol que le llenaba
como aquel bien que colma cualquier cosa. 9

¡Ah criaturas impías, necias almas,
que el corazón torcéis de un bien tan grande,
hacia la vanidad volviendo el rostro! 12

Y entonces otro de los esplendores 13
vino a mí, y que quería complacerme
el brillo que esparcía me mostraba 15

Los ojos de Beatriz, que estaban fijos
sobre mí, igual que antes, asintieron
dando consentimiento a mi deseo. 18

«Dale compensación pronto a mis ansias,
santo espíritu y muéstrame -le dije-
que lo que pienso pueda en ti copiarse.» 21

Y aquella luz a quien no conocía,
desde el profundo seno en que cantaba,
dijo como quien goza el bien haciendo: 24

«En esa parte de la depravada 25
Italia que se encuentra entre Rialto 26
y las fuentes del Brenta y del Piave, 27

un monte se levanta, no muy alto, 28
desde el cual descendió una mala antorcha 29
que infligió un gran estrago a la comarca. 30

De una misma raíz nacimos ambos:
Cunizza fui llamada, y aquí brillo
pues me venció la lumbre de esta estrella. 33

Mas alegre a mí misma me perdono
la causa de mi suerte, y no me duelo;
y esto tal vez el vulgo no lo entienda. 36

De la resplandeciente y cara joya 37
de este cielo que tengo más cercana
quedó gran fama; y antes de extinguirse, 39

se quintuplicará este mismo año:
mira si excelso debe hacerse el hombre,
tal que otra vida a la vida suceda. 42

Y esto no piensa la turba presente 43

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