Mas lo que el signo del que estoy hablando, 82
hizo primeramente y luego haría,
por el reino mortal al que subyuga, 84

se vuelve en apariencia oscuro y poco,
si en manos del tercer César la vemos
con vista clara y con afecto puro; 87

pues la viva justicia que me inspira,
le concedió, en las manos del que digo,
la gloria de vengar su santa cólera. 90

Y asómbrate de lo que digo ahora: 91
corrió después con Tito a hacer venganza
de la venganza del pecado antiguo. 93

Y al morder los lombardos a la Santa 94
Iglesia con sus dientes, Carlomagno
la socorrió, venciendo, con sus alas. 96

Ahora puedes juzgar a esos que antes
me escuchaste acusar, y sus pecados,
que son causa de todas vuestras penas. 99

Uno al signo común los amarillos 100
lirios opone, y otro se lo apropia,
y es difícil saber quién más se engaña. 102

Urdan los gibelinos, urdan tretas
bajo otro signo, que mal sigue a éste
aquel que de él aparta la justicia; 105

y que este nuevo Carlos no lo abata 106
con sus güelfos, mas tema de sus garras
que a leones más fuertes han vencido. 108

¡Muchas veces los hijos han llorado 109
por las culpas del padre, y no se crea
que Dios cambie su emblema por las lises! 111

Esta pequeña estrella se engalana
de los buenos espíritus activos
para que fama y honra les alcance; 114

y cuando a esto dirigen sus deseos,
desviándose así, más apagados
del verdadero amor los rayos sienten. 117

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