«Si te deslumbro en el fuego de amor
más que del modo que veis en la tierra,
tal que venzo la fuerza de tus ojos, 3

no debes asombrarte; pues procede
de un ver perfecto, que, como comprende, 5
así en pos de aquel bien mueve los pasos. 6

Bien veo de qué forma resplandece
la sempiterna luz en tu intelecto,
que, una vez vista, amor por siempre enciende; 9

y si otra cosa vuestro amor seduce,
de aquella luz tan sólo es un vestigio,
mal conocido, que allí se refleja. 12

Quieres saber si con otras ofrendas,
halla reparo quien rompe su voto,
tal que en el juicio su alma esté segura.» 15

Así Beatriz principio dio a este canto;
y como el que el discurso no interrumpe,
prosiguió así sus santas enseñanzas: 18

«El don mayor que Dios en su largueza
hizo al crearnos, y el que más conforme
está con su bondad, y él más lo estima, 21

tal fue la libertad del albedrío;
del cual, a los que dio la inteligencia,
fueron y son dotados solamente. 24

Ahora verás, si tú deduces de esto,
el gran valor del voto, si se hace
cuando consiente Dios lo que consientes: 27

porque al cerrar el pacto Dios y el hombre
se hace holocausto de aquel gran tesoro,
que antes te dije; y lo hace un acto suyo. 30

¿Así pues qué reparo se hallaría?
Si piensas que usas bien lo que ofreciste,
con latrocinios quieres dar limosna. 33

Ya lo más importante te he explicado;
mas puesto que la Iglesia los dispensa
y esto a lo que te digo contradice, 36

en la mesa es preciso que aún te sientes,

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