que no tengan disculpa las ofensas. 108

La Voluntad absoluta no consiente
el daño; mas consiente cuando teme
que en más penas caerá si lo rehúsa. 111

Así, cuando Piccarda dijo aquello
de la primera hablaba, y yo de la otra;
y las dos te dijimos la verdad.» 114

Fluyó así el santo río que salía
de la fuente en que toda verdad mana;
así mis dos deseos se aplacaron. 117

«Oh amada del primer Amante, oh diosa,
cuyas palabras --dije así me inundan,
y enardecen, que más y más me avivan, 120

no son mis facultades tan profundas
que a devolverte don por don bastasen;
mas responda por mí Quien ve y Quien puede. 123

Bien veo que jamás se satisface
sino con la verdad nuestro intelecto,
sin la cual no hay ninguna certidumbre. 126

Cual fiera en su cubil, reposa en ella
en cuanto que la alcanza; y puede hacerlo;
si no, frustra sería los deseos. 129

Por ello nacen dudas, cual retoños,
al pie de la verdad; y a lo más alto,
cima a cima, nos lleva de este modo. 132

Esto me invita y esto me da fuerzas
a preguntar, señora, reverente,
aún por otra verdad que me es oscura. 135

Quiero saber si pueden repararse
los votos truncos con acciones buenas,
que no pesaran poco en la balanza.» 138

Y Beatriz me miró, llenos sus ojos
de amorosas centellas tan divinas,
que, vencida, mi fuerza dio la espalda, 141
casi perdido con la vista en tierra.

CANTO V

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