penetrar fácilmente esta verdad,
como deseas, he de darte gusto. 72

Aun cuando aquel que la violencia sufre
a quien la fuerza nada le concede,
no están por ello estas almas sin culpa: 75

pues, sin querer, la voluntad no cede,
mas hace como el fuego, si le tuerce, 77
aunque sea mil veces, la violencia. 78

Si se doblega, pues, o mucho o poco,
sigue la fuerza; y así hicieron éstos,
que al lugar santo regresar pudieron. 81

Si su deseo firme hubiera sido,
como fue el de Lorenzo en su parrilla, 83
o con su mano a Mucio hizo severo, 84

a su camino habrían regresado
del que sacados fueron, al ser libres;
mas voluntad tan sólida es extraña. 87

Y por esta razón, si como debes
la comprendes, se rompe el argumento
que te habría estorbado aún muchas veces. 90

Mas ahora se atraviesa ante tus ojos
otro obstáculo, tal que por ti mismo
no salvarías, sin cansarte antes. 93

Yo te he enseñado como cosa cierta
que no puede mentir un alma santa,
pues cerca está de la verdad primera; 96

y después escuchaste de Piccarda
que Constanza guardó el amor del velo;
y así parece que me contradice. 99

Muchas veces, hermano, ha acontecido
que, huyendo de un peligro, de mal grado
se hacen cosas que hacerse no debieran; 102

como Almeón, que, al suplicar su padre 103
que lo hiciera, mató a su propia madre,
y por piedad se hizo despiadado. 105

En este punto quiero que conozcas
que la fuerza al querer se mezcla, haciendo

275