de la mente profunda que lo mueve
toma la imagen y la imprime en ellas. 132

Y como el alma llena vuestro polvo 133
por diferentes miembros, conformados
al ejercicio de potencias varias, 135

así la inteligencia en las estrellas
despliega su bondad multiplicada,
y sobre su unidad va dando vueltas. 138

Cada virtud se liga a su manera
con el precioso cuerpo al que da el ser,
y en él se anuda, igual que vuestra vida. 141

Por la feliz natura de que brota,
mezclada con los cuerpos la virtud
brilla cual la alegría en las pupilas. 144

Esto produce aquellas diferencias 145
de la luz, no lo raro ni lo denso:
y es el formal principio que produce, 147
conforme a su bondad, lo turbio o claro.» 148

CANTO III

El sol primero que me ardió en el pecho, 1
de la verdad habíame mostrado,
probando y refutando, el dulce rostro; 3

y yo por confesarme corregido
y convencido, cuanto convenía,
para hablar claramente alcé la vista; 6

mas vino una visión que, al contemplarla,
tan fuertemente a ella fui ligado,
que aquella confesión puse en olvido. 9

Como en vidrios diáfanos y tersos,
o en las límpidas aguas remansadas,
no tan profundas que el fondo se oculte, 12

se vuelven de los rostros los reflejos
tan débiles, que perla en blanca frente
no más clara los ojos la verían; 15

vi así rostros dispuestos para hablarme;
por lo que yo sufrí el contrario engaño 17
de quien ardió en amor de fuente y hombre. 18

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