Ya no estás en la tierra, como piensas;
mas un rayo que cae desde su altura
no corre como tú volviendo a ella.» 93

Si fui de aquella duda desvestido,
con sus breves palabras sonrientes,
envuelto me encontré por una nueva, 96

y dije: «Ya contento requïevi 97
de un asombro tan grande; mas me asombro
cómo estos leves cuerpos atravieso.» 99

Y ella, tras suspirar piadosamente,
me dirigió la vista con el gesto
que a un hijo enfermo dirige su madre, 102

y dijo: «Existe un orden entre todas
las cosas, y esto es causa de que sea
a Dios el universo semejante. 105

Aquí las nobles almas ven la huella 106
del eterno saber, y éste es la meta
a la cual esa norma se dispone. 108

Al orden que te he dicho tiende toda
naturaleza, de diversos modos,
de su principio más o menos cerca; 111

y a puertos diferentes se dirigen
por el gran mar del ser, y a cada una
les fue dado un instinto que las guía. 114

Éste conduce al fuego hacia la luna;
y mueve los mortales corazones;
y ata en una las partes de la tierra; 117

y no sólo a los seres que carecen
de razón lanza flechas este arco, 119
también a aquellas que quieren y piensan. 120

La Providencia, que ha dispuesto todo,
con su luz pone en calma siempre al cielo,
en el cual gira aquel que va más raudo; 123

ahora hacia allí, como a un sitio ordenado,
nos lleva la virtud de aquella cuerda
que en feliz blanco su disparo clava. 126

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