me fue bastante; pero ya de ambas
ha menester la carrera que falta. 18

Entra en mi pecho, y habla por mi boca
igual que cuando a Marsias de la vaina
de sus núembros aún vivos arrancaste. 21

¡Oh divina virtud!, si me ayudaras
tanto que las imágenes del cielo
en mi mente grabadas manifieste, 24

me verás junto al árbol que prefieres 25
llegar, y coronarme con las hojas
que merecer me harán tú y mi argumento. 27

Tan raras veces, padre, eso se logra,
triunfando como césar o poeta,
culpa y vergüenza del querer humano, 30

que debiera ser causa de alegría
en el délfico dios feliz la fronda 32
penea, cuando alguno a aquélla aspira. 33

Gran llama enciende una chispa pequeña:
quizá después de mí con voz más digna
se ruegue a fin que Cirra le responda. 36

La lámpara del mundo a los mortales 37
por muchos huecos viene; pero de ése
que con tres cruces une cuatro círculos, 39

con mejor curso y con mejor estrella 40
sale a la par, y la mundana cera
sella y calienta más al modo suyo. 42

Allí mañana y noche aquí había hecho 43
tal hueco, y casi todo allí era blanco
el hemisferio aquel, y el otro negro, 45

cuando Beatriz hacia el costado izquierdo 46
vi que volvía y que hacia el sol miraba:
nunca con tal fijeza lo hizo un águila. 48

Y así como un segundo rayo suele
del primero salir volviendo arriba,
cual peregrino que tomar desea, 51

este acto suyo, infuso por los ojos
en mi imaginación, produjo el mío,

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