le salieron cabezas; tres salieron
en el timón, y en cada esquina una. 144

Las primeras cornudas como bueyes,
las otras en la frente un cuerno sólo:
nunca fue visto un monstruo semejante. 147

Segura, cual castillo sobre un monte,
sentada una ramera desceñida,
sobre él apareció, mirando en torno; 150

y como si estuviera protegiéndola,
vi un gigante de pie, puesto a su lado;
con el cual a menudo se besaba. 153

Mas al volver los ojos licenciosos
y errantes hacia mí, el feroz amante 155
la azotó de los pies a la cabeza. 156

Crudo de ira y de recelos lleno,
desató al monstruo, y lo llevó a la selva,
hasta que de mis ojos se perdieron 159
la ramera y la fiera inusitada. 160

CANTO XXXIII

`Deus venerunt Gentes', alternando 1
ya las tres, ya las cuatro, su salmodia, 2
llorando comenzaron las mujeres; 3

y Beatriz, piadosa y suspirando,
lo escuchaba de forma que no mucho
más se mudara ante la cruz María. 6

Mas cuando las doncellas la dejaron
lugar para que hablase, puesta en pie,
respondió, colorada como el fuego: 9

«Modicum, et non videbitis me mis 10
queridas hermanas, et iterum ,
modicum, et vos videbitis me.» 12

Luego se puso al frente de las siete,
y me hizo andar tras de ella con un gesto,
y a la mujer y al sabio que quedaba. 15

Así marchaba; y no creo que hubiera
dado apenas diez pasos en el suelo,
cuando me hirió los ojos con sus ojos; 18

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