Por eso paso a cuando desperté,
y digo que una luz me rasgó el velo
del dormir, y una voz: «¿Qué haces?, levanta.» 72

Como por ver las flores del manzano
que hace ansiar a los ángeles su fruto,
y esponsales perpetuos en el cielo, 75

Pedro, Juan y jacob fueron llevados
y vencidos, tornóles la palabra
que sueños aún más grandes ha quebrado, 78

y se encontraron sin la compañía
tanto de Elías como de Moisés,
y al maestro la túnica cambiada; 81

así me recobré, y vi sobre mí
aquella que, piadosa conductora
fue de mis pasos antes junto al río. 84

Y «¿dónde está Beatriz.?», dije con miedo.
Respondió: «Véla allí, bajo la fronda
nueva, sentada sobre las raíces. 87

Mira la compañía que la cerca;
detrás del grifo los demás se marchan
con más dulce canción y más profunda.» 90

Y si fueron más largas sus palabras,
no lo sé, porque estaba ante mis ojos
la que otra cualquier cosa me impedía. 93

Sola sobre la tierra se sentaba,
como dejada en guardia de aquel carro
que vi ligado a la biforme fiera. 96

En torno suyo un círculo formaban
las siete ninfas, con las siete antorchas
que de Austro y de Aquilón están seguras 99

«Silvano aquí tú serás poco tiempo;
habitarás conmigo para siempre
esa Roma donde Cristo es romano. 102

Por eso, en pro del mundo que mal vive,
pon la vista en el carro, y lo que veas
escríbelo cuando hayas retornado.» 105

255