ritmaba el paso un angélico canto. 33

Anduvimos acaso lo que vuela
una flecha tres veces disparada,
cuando del carro descendió Beatriz. 36

Yo escuché murmurar: «Adán» a todos;
y un árbol rodearon, despojado
de flores y follajes en sus ramas. 39

Su copa, que en tal forma se extendía
cuanto más sube, fuera por los indios
aun con sus grandes bosques, admirada. 42

«Bendito seas, grifo, porque nada
picoteas del árbol dulce al gusto,
porque mal se separa de aquí el vientre.» 45

Así en tomo al robusto árbol gritaron
todos ellos; y el animal biforme:
«Así de la virtud se guarda el germen.» 48

Y volviendo al timón del que tiraba,
junto a la planta viuda lo condujo,
y arrimado dejó el leño a su leño. 51

Y como nuestras plantas, cuando baja
la hermosa luz, mezclada con aquella
que irradia tras de los celestes Peces, 54

túrgidas se hacen, y después renuevan
su color una a una, antes que el sol
sus corceles dirija hacia otra estrella; 57

menos que rosa y más que violeta 58
color tomando, se hizo nuevo el árbol,
que antes tan sólo tuvo la enramada. 60

Yo no entendí, porque aquí no usa 61
el himno que cantaron esas gentes,
ni pude oír la melodía entera. 63

Si pudiera contar cómo durmieron,
oyendo de Siringa, los cien ojos 65
a quien tanto costó su vigilancia; 66

como un pintor que pinte con modelo,
cómo me adormecí dibujaría;
mas otro sea quien el sueño finja. 69

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